Desafíos Para La Visión 2020 En América Latina:
La Alimentación Y La Agricultura Desde 1970
James L. Garrett
En los últimos años, los países de América Latina han hecho cambios
radicales en sus estrategias de desarrollo, entre los que cabe citar la descentralización del gobierno, la privatización y la desreglamentación de los mercados. Estos cambios ya han influido en la vida de millones de habitantes de la región y prometen reestructurar el sistema de producción alimentaria y agrícola de la región hasta un período avanzado del siglo XXI. Cómo ayudarán esos cambios a los países de la región a enfrentar los desafíos para materializar la visión 2020 para América Latina, la visión de un mundo donde la riqueza tenga una distribución equitativa; donde no haya hambre, pobreza extrema ni malnutrición; y
donde el uso de recursos beneficie a las generaciones del mañana, así como a la población de hoy?
Desafíos Actuales
Del decenio de 1950 al de 1980, con una estrategia de desarrollo centrada en el Estado, América Latina disfrutó de una de las mayores tasas de crecimiento económico del mundo, pero no pudo sostenerlas. Las barreras comerciales, incluso la sobrevaloración de los tipos de cambio
y el financiamiento público, protegieron a las industrias ineficientes de la competencia mundial. Los países acumularon deuda externa para financiar esas políticas, pero cuando subieron las tasas de interés en los años ochenta, se derrumbó la estrategia. En respuesta, los gobiernos
introdujeron reformas basadas en el mercado, necesarias pero a veces dolorosas. Al sufrir los países choques económicos, guerra y terrorismo, el ingreso per cápita se redujo cerca de 10% en la región en los años ochenta. En los noventa, se ha estabilizado o aumentado ligeramente en
la mayoría de los países.
A pesar del crecimiento, en los últimos 25 años América Latina ha
progresado poco en la reducción de la pobreza. En 1990, 46% de la
población era pobre, el mismo porcentaje que en 1970. Sin embargo, la
localización de la pobreza cambió de las zonas rurales a las urbanas.
Alrededor de 75% de la población latinoamericana vive ahora en las
ciudades. Aunque es probable que las familias rurales sean más pobres
que las urbanas, ya en 1990, 80 millones de pobres vivían en el campo y
115 millones en las ciudades. La asombrosa brecha entre ricos y pobres
en la distribución del ingreso y de oportunidades en la región ha
agravado el problema al impedir el logro de las mayores tasas de
crecimiento necesarias para sacar a millones de personas de la miseria.
Por ejemplo, la proporción del ingreso destinado al 40% más pobre de las
familias es solamente de cerca de 8% en el Brasil, Guatemala y Honduras.
Inseguridad alimentaria y malnutrición. La mayoría de los
latinoamericanos consumen suficientes alimentos para atender sus
necesidades de calorías, pero 15% de la población, es decir, 58 millones
de habitantes, carecen todavía de los alimentos necesarios. Con las
perturbaciones económicas de los años ochenta, fue menor la reducción de
las tasas de malnutrición, tendencia que aún persiste. Muchas personas
evitaron la malnutrición durante este período de ajuste económico
consumiendo alimentos menos costosos y poco apetecidos. El porcentaje
relativamente alto de la población con acceso a servicios de salud, agua
potable y saneamiento tal vez ayudó también a evitar un aumento
sustancial de la malnutrición. Hoy en día, quedan aún 6 millones de
niños malnutridos.
La mayor urbanización plantea nuevos desafíos para la nutrición y la
salud. Aunque la malnutrición es todavía motivo de preocupación, también
van en aumento las enfermedades crónicas no transmisibles, como las
cardiopatías, causadas por un modo de vida más sedentario y alimentación
de mala calidad.
El sistema de producción alimentaria y agrícola. El desarrollo
sostenible de la agricultura y los recursos naturales reviste
importancia crítica para el futuro desarrollo económico y social de
América Latina en las zonas urbanas y rurales. Este acento en la
importancia de la agricultura para el crecimiento económico general es
acertado: la producción agrícola sola vale más de $90.000 millones en
América Latina, más de 10% del producto interno bruto de la región. El
sistema de producción alimentaria y agrícola en conjunto, incluidas las
agroindustrias y los textiles, representa más de 20% de la actividad
económica en muchos países y fácilmente 10% o aún más en los más
industrializados, como la Argentina y México. Un sector agrícola sano
genera empleo en transporte, comercio al por menor e industrias de
elaboración y refuerza la demanda de bienes y servicios no agrícolas en
toda la economía (figura 1).
Los 16 millones de pequeños agricultores de la región producen
comúnmente la mayoría de los alimentos básicos importantes para la
alimentación nacional, tales como maíz, frijol y papa, de modo no son
tan insignificantes para la producción agrícola como afirman algunos
analistas. Su gran número indica que su bienestar es una cuestión
social, no apenas económica. Algunos observadores creen que los grandes
productores comerciales, que constituyen menos de 5% de los agricultores
pero ocupan más de 90% de los terrenos disponibles, pronto desplazarán a
los pequeños agricultores. No obstante, los pequeños agricultores con
suficiente tierra para vender sus productos, a diferencia de los
agricultores de subsistencia, deben poder competir en el mercado
mundial, siempre y cuando el gobierno garantice buen acceso a servicios
públicos, incluso buenos caminos y crédito.
Hasta ahora, los aumentos de la productividad de la agricultura se han
logrado sobre todo abandonando las prácticas agrícolas tradicionales e
incrementando los rendimientos por medio del uso de sustancias
agroquímicas, riego y semillas mejoradas. El uso continuo y creciente
de esas sustancias es un peligro potencial para la salud humana y el
medio ambiente. Aun así, las nuevas variedades resistentes a plagas,
enfermedades y sequía, que reducen la dependencia con respecto a las
sustancias agroquímicas, tendrán solamente un efecto generalizado en los
próximos 20 años. Por ahora, los aumentos de la productividad deben
provenir del mejor uso de la tecnología y de los conocimientos actuales
en una forma ecológicamente sostenible.
Amenazas y oportunidades para los recursos naturales. América Latina,
que aloja a 8% de la población mundial, tiene 23% de la tierra
potencialmente arable, 12% de la tierra cultivada y 46% de las selvas
tropicales del mundo. Sin embargo, la degradación ambiental representa
una grave amenaza para esos recursos. Alrededor de un tercio del total
de la tierra cubierta de vegetación--200 millones de hectáreas--sufre
degradación moderada o grave. Los bosques desaparecen en proporción
hasta de 1,5% anual. Se ha destruido la mitad de los bosques de América
Central desde comienzos de los años sesenta, lo que ha contribuido a la
erosión del suelo y a la reducción de los hábitats de la diversa flora y
fauna de la región. Dada la importancia de los recursos de la región
para su crecimiento económico y para la oferta de alimentos y la salud
ambiental del mundo, las pérdidas continuas podrían ser devastadoras.
La expansión de la frontera agrícola y el uso excesivo de la tierra
están entre las principales amenazas al medio ambiente. Aunque su
instinto natural es conservar la tierra, los pequeños agricultores
pobres la agotan en su lucha por la supervivencia. Cuando se abordan con
éxito la pobreza rural y el subdesarrollo se puede reducir la presión
ejercida en el medio ambiente. La falta de tecnología apropiada y de
oportunidades económicas impulsará a los pobres del sector rural a
trabajar aún con más ahínco para extraer su sustento de sus frágiles
terrenos y, cuando fallen, a trasladarse a nuevos sitios de los bosques,
las faldas de las colinas o las ciudades. Por supuesto, la eliminación
de la pobreza no acabará automáticamente con la degradación ambiental.
Los gobiernos y los productores más ricos contribuyen también a la
degradación, como en los años ochenta cuando las políticas
macroeconómicas y sectoriales inapropiadas animaron a los ganaderos a
ampliar sus operaciones dentro de la Amazonia brasileña.
Cambio institucional. Los desafíos para la alimentación, la agricultura
y el medio ambiente en América Latina han cambiado al igual que las
respuestas en materia de política. El ajuste estructural alteró la forma
de interacción del Estado, el sector privado y la sociedad civil. Ahora,
el sector privado tiene una función mucho mayor en la economía. Los
gobiernos locales y regionales en muchos países han asumido
responsabilidades, como las de educación y salud, que antes competían al
gobierno central.
La descentralización y la mayor participación comunitaria en las
decisiones hacen que los programas sean más eficaces al adaptarlos a las
condiciones de la región y las necesidades de los grupos vulnerables
residentes allá. Aun así, tradicionalmente, las instituciones públicas
locales en las zonas rurales de América Latina han sido débiles y quizá
carezcan de la capacidad analítica y financiera necesaria para asumir
mayores responsabilidades.
Para que esos audaces experimentos tengan éxito, se debe fortalecer la
participación de la ciudadanía. Los municipios pueden necesitar
asistencia técnica del gobierno central o de las organizaciones de
desarrollo para diseñar y administrar sus programas y beneficiarse de
los vínculos con otros municipios y organismos gubernamentales. México
ha proporcionado tal apoyo por medio de su Proyecto de Descentralización
y Desarrollo Rural. Si se privatiza la prestación de servicios, los
gobiernos deben asegurarse de que las políticas sigan fomentando la
competencia del mercado y que se preste un mínimo nivel de servicios a
toda la población.
Materialización De La Visión 2020 Para América Latina
América Latina no sufrirá una crisis alimentaria en los próximos 25
años, pero millones de familias pobres de la región se verán afectadas.
El mayor desafío para la región en los próximos 25 años será aprovechar
los aires de cambio económico y político para beneficio de toda la
población de la región. Como una proporción importante de la población
depende de las empresas agrícolas para su sustento, se debe reconocer la
función decisiva de la agricultura y del sistema de producción
alimentaria. Al haber muchas mujeres, grupos indígenas y gente pobre que
participen directamente en la producción, elaboración y distribución
agrícola, un vibrante sistema de producción alimentaria y agrícola
también puede promover la igualdad social y económica. Las políticas
agrícolas deben servir de instrumento para incrementar el uso de
tecnología con elevado coeficiente de conocimientos y favorable al medio
ambiente; mejorar la infraestructura de producción; e invertir en
investigaciones agrícolas, dentro de un medio macroeconómico general
estable y transparente.
El logro de la visión 2020 en América Latina exige:
- Mejor gobierno, en lugar de más gobierno o más mercado, para
fomentar un crecimiento equitativo, mejorar la capacidad de los
productores de la región para competir en el mundo y distribuir
los beneficios del crecimiento a todos.
- Un medio macroeconómico e institucional estable que favorezca el
crecimiento económico con alto coeficiente de mano de obra,
incluso con sistemas financieros y jurídicos sólidos y justos.
- Mayor inversión en infraestructura, incluso en transporte e
investigación agrícola, particularmente sobre tecnología para
pequeños agricultores.
- Mayor inversión en los pueblos de la región, especialmente por
medio de la prestación eficiente de servicios públicos, incluso
agua potable, instalaciones de salud y saneamiento, educación y
capacitación.
- Apoyo a programas sociales eficaces en función del costo, que
lleguen a los pobres y a quienes el mercado deje rezagados.
- Sólidos mecanismos para vincular a la ciudadanía al proceso
político para que pueda participar activamente en la adopción de
decisiones de importancia para su vida.
Trabajando juntos, los pueblos de la región de las Américas podrán
convertir en realidad la visión 2020 para América Latina.
James L. Garrett es investigador de la División de Consumo de Alimentos
y Nutrición del Instituto Internacional de Investigaciones sobre
Políticas Alimentarias.
VISIóN 2020 La iniciativa de la visión de la alimentación, la agricultura y el medio ambiente en el año 2020 ha sido lanzada por el Instituto Internacional de Investigaciones sobre Políticas Alimentarias (IFPRI) para tener un punto de vista compartido y lograr consenso para la acción sobre la forma de atender las futuras necesidades mundiales de alimentos y, al mismo
tiempo, reducir la pobreza y proteger el medio ambiente. Por medio de la iniciativa de la visión 2020, el IFPRI agrupa diversas corrientes de opinión sobre esos temas, genera investigaciones y formula recomendaciones. Los resúmenes 2020 presentan información sobre varios aspectos de esas cuestiones.