IFPRI: Vision 2020: Resumen 2020 No. 53, OCTUBRE DE 1998
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visión 2020 sínteses de políticas
2020 Noticias Y Opiniones Junio de 1998 Resumen 2020 No. 53
(Traducción del inglés)

Octubre de 1998
Una Visión De La Alimentación, La Agricultura Y El Medio Ambiente En El Año 2020

El Crecimiento Demográfico Y Las Opciones En Materia De Política En El Mundo En Desarrollo

John Bongaarts y Judith Bruce

La población del mundo en desarrollo se ha duplicado desde 1965 y llega actualmente a 4.800 millones de personas. Este crecimiento demográfico ha sido una causa importante de la creciente demanda de alimentos, agua y otros recursos vitales en el pasado y seguirá siéndolo en el futuro previsible. Según las proyecciones de las Naciones Unidas, la población de los países en desarrollo llegará a 6.500 millones de personas en 2020 y a 8.200 millones en 2050 (el total proyectado de la población mundial es de 7.700 millones en 2020 y de 9.400 millones en 2050). Aunque las poblaciones de todo el mundo en desarrollo siguen aumentando a paso acelerado, la tasa de crecimiento ha tenido una modesta baja. La tasa de crecimiento demográfico promedio anual fue de 2,4% en 1965, se estima en 1,7% hoy en día y se prevé que alcanzará 1,2% en 2020 (véase el cuadro). La principal causa de esa baja es la revolución del comportamiento reproductivo iniciada en el decenio de 1960. El uso de anticonceptivos, que antes solía ser raro, está muy generalizado hoy en día y el promedio de nacimientos por mujer se ha reducido a la mitad, de los seis tradicionales o más en los años sesenta a casi tres en la actualidad. La fecundidad se ha reducido a un ritmo sumamente acelerado en Asia y América Latina. Se ha observado un cambio relativamente pequeño en África al Sur del Sahara, pero hay una baja de importancia en varios países de la región, por ejemplo, en Botswana, Kenya, Sudáfrica y Zimbabwe.

¿POR QUÉ CONTINÚA EL CRECIMIENTO DEMOGRÁFICO?

Para muchos analistas es difícil entender por qué ocurrirá un mayor crecimiento en masa a pesar de la reducción de las tasas de fecundidad. Primero, aun con la enorme disminución registrada desde el decenio de 1960, la fecundidad es todavía cerca de 50% mayor que la proporción de dos hijos por familia que se necesita para estabilizar la población. Cuando una mujer tiene más de dos hijos sobrevivientes, cada generación es más numerosa que la anterior y la población sigue creciendo. En cada región varía el grado de intensidad de la fuerza motora que representan las tasas de fecundidad altas (pero con una tendencia descendente) para el crecimiento demográfico. Los valores máximos se registran en África, con una tasa actual de fecundidad de 5,3 nacimientos por mujer, y los mínimos en Asia y América Latina, donde la fecundidad se ha reducido a menos de 3 nacimientos por mujer.

A su vez, una alta tasa de fecundidad puede atribuirse a dos causas básicas distintas: el embarazo indeseado y el deseo de que la familia tenga más de dos hijos sobrevivientes. Alrededor de uno de cada cinco nacimientos es indeseado y muchos son inoportunos. Se estima que en los países en desarrollo se practican anualmente 25 millones de abortos, muchos de ellos en condiciones peligrosas. Muchas parejas tienen un gran número de hijos porque temen la muerte de algunos y desean asegurarse de que haya suficientes sobrevivientes que les sirvan de ayuda en empresas familiares y de apoyo en la vejez. En la mayoría de los países en desarrollo, el tamaño máximo de la familia que desean las mujeres todavía pasa de dos hijos; por ejemplo, en África al Sur del Sahara, el tamaño deseado de la familia suele ser de más de cinco hijos.

Segundo, casi con seguridad, seguirán registrándose reducciones de las tasas de defunción, que han sido siempre la principal causa del crecimiento demográfico. Ciertos factores, como un mejor nivel de vida, mejor nutrición, mayores inversiones en saneamiento y abastecimiento de agua limpia, mayor acceso a servicios de salud y mayor aplicación de medidas de salud pública, como inmunización, asegurarán una vida más larga y sana en la mayoría de los países. Constituyen excepciones solamente algunos, sobre todo de África al Sur del Sahara, donde la epidemia de sida es muy grave. Con todo, no se prevé que esa epidemia elimine el crecimiento demográfico.

El tercer factor de crecimiento es lo que los demógrafos llaman «impulso demográfico». Eso se refiere a la tendencia que tiene una población de seguir creciendo aunque la fecundidad llegara de inmediato a un nivel de sustitución de 2,1 nacimientos por mujer con tasas constantes de mortalidad y ausencia de migración. Como la estructura de por edad revela una población joven, dentro de poco entrará a la edad reproductiva la mayor generación de adolescentes de la historia. Aun si cada una de las jóvenes de ese grupo tiene solamente dos hijos, en conjunto habrá más que suficientes nacimientos para mantener el crecimiento demográfico en los próximos decenios.

El impulso demográfico es el más importante de los tres factores que se prevé que contribuirán bastante al crecimiento continuo. Representará 76% del aumento previsto entre 2000 y 2020 en el mundo en desarrollo en general y una proporción aún mayor en Asia y América Latina. Por lo tanto, el continuo y elevado aumento de la población del mundo en desarrollo es casi un hecho.

Para ser eficaces, las políticas en materia de población deben abordar todas las fuentes de crecimiento continuo, excepto la mortalidad decreciente. Entre las estrategias que deben considerarse están las siguientes.

  • Necesidad de ampliar los servicios de planificación familiar y salud reproductiva de alta calidad. Ocurre un embarazo indeseado cuando las mujeres y los hombres que quieran evitar el embarazo no regulan eficazmente la fecundidad. El ofrecimiento de servicios apropiados a las personas solteras y a las parejas ha sido una prioridad de muchos gobiernos del mundo en desarrollo. No obstante, a pesar del enorme progreso alcanzado en los últimos decenios, la cobertura y la calidad de los servicios de planificación familiar sigue siendo menos que satisfactoria en muchos países. Además, algunos han establecido metas de provisión de servicios en los programas de planificación familiar, con lo que se limita, por ejemplo, el número de dispositivos intrauterinos que se deben colocar o el número de esterilizaciones que hay que practicar, con lo que se pierde la confianza entre la clientela y el proveedor. Para asegurarse de que los programas de planificación familiar presten la debida asistencia a las personas para alcanzar las metas personales de fecundidad, la planificación familiar debe ser estrictamente voluntaria y los servicios tienen que estar vinculados a otros servicios de salud reproductiva. La calidad de esos programas puede mejorar con la ampliación de los servicios a las zonas desatendidas; mayores posibilidades de elección de los métodos disponibles (incluso la interrupción segura del embarazo donde sea legal); un mejor intercambio de información entre la clientela y el proveedor; el fomento de relaciones solidarias entre la clientela y el proveedor; la garantía de la competencia técnica de los proveedores; la inclusión de hombres en los programas; la incorporación de elementos de servicio para abordar los problemas de salud afines, como el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades de transmisión sexual y el tratamiento ulterior al aborto peligroso; y una mayor sensibilización del público con respecto al valor de la regulación de la fecundidad, las relaciones sexuales responsables y seguras y los medios para lograr ambas cosas; y una buena localización de los servicios.

  • Necesidad de establecer condiciones favorables para las familias pequeñas. Varias medidas sociales y económicas tienen marcados efectos en el tamaño deseado de la familia.

    1. Mayores logros educativos, especialmente de las niñas. A medida que las economías pierden su naturaleza agraria, la disponibilidad de educación colectiva cambia el valor dado a las familias grandes e insta a los padres de familia a invertir en un menor número de hijos, que tengan una vida de «alta calidad» y puedan entrar a los mercados laborales nacientes. El mayor grado de instrucción también está vinculado a la propagación de funciones y valores no tradicionales, incluso a patrones de comportamiento menos restrictos para uno y otro sexo. Los padres de familia instruidos dependen menos de sus hijos como fuente de ingresos y de apoyo en la vejez. Las mujeres instruidas desean (y tienen) menos hijos con mayores tasas de supervivencia, devengan más ingresos y tienen mayores posibilidades de invertir en la nutrición y educación de sus hijos.

    2. Mejor salud y mayor supervivencia de los niños. Ningún país en desarrollo ha tenido una reducción sostenida de la fecundidad sin haber experimentado primero una drástica disminución de la mortalidad infantil. Una elevada tasa de defunción infantil desestimula la inversión en la salud y educación de los niños y fomenta una mayor tasa de fecundidad porque los padres de familia creen que se necesita un número excesivo de nacimientos para asegurar la supervivencia hasta la edad adulta por lo menos del número de hijos deseado.

    3. Inversión en la mujer y ofrecimiento de posibilidades económicas y de identidad social aparte de la maternidad. La mejora de la situación económica, social y legal de la niña y la mujer puede ampliar el poder de negociación de la mujer y darle más voz en las decisiones que adopta la familia sobre reproducción y producción. A medida que aumenta la autonomía de la mujer, se reduce el dominio del esposo y de otros familiares del sexo masculino y la preferencia de la sociedad por los hombres. A medida que mejora la situación de la mujer, se reduce el valor de los hijos como seguro contra la adversidad (por ejemplo, en la vejez) y como salvaguardas de la posición social que ocupa la mujer.

  • Demora del matrimonio y de la reproducción al atender las necesidades de las jóvenes. Si bien es imposible cambiar una estructura por edad centrada en la población joven, que es una de las causas del impulso demográfico, se puede modificar la edad de iniciación y el ritmo de la actividad reproductiva para neutralizar ese impulso. Las mujeres, en general, y las jóvenes, en particular, son blanco de una presión generalizada para hacer que se ciñan a las expectativas de la sociedad con respecto a los patrones apropiados de comportamiento femenino, especialmente en lo relacionado con su sexualidad y fecundidad. Esa es una forma oculta de coacción, ya que a menudo las jóvenes no pueden escoger si deben tener o no relaciones sexuales, cuándo y con quién casarse, y si deben aplazar la actividad reproductiva. La educación de las niñas hasta el nivel secundario; su inclusión en actividades de desarrollo comunitario, deportes y otras actividades de amplia visibilidad pública; y el estímulo para que generen ingresos comienzan a orientarlas hacia la autonomía. El poder social y la autoridad económica son elementos necesarios para que la mujer pueda contrarrestar la presión ejercida por los imperativos tradicionales de casarse y tener hijos pronto.

CONCLUSIÓN

Las políticas en materia de población bien diseñadas son de amplio alcance, convenientes en su aspecto social y racionales desde el punto de vista de la ética. Son atractivas para varios grupos representados: quienes aspiran a acabar con la discriminación de la mujer y a mejorar la vida de los niños y quienes desean reducir la fecundidad y el crecimiento demográfico. Las inversiones de mutuo beneficio en planificación familiar, salud reproductiva y una amplia gama de medidas socioeconómicas reportan beneficios macro y microeconómicos para desacelerar el crecimiento demográfico, incrementar la productividad y mejorar la salud y el bienestar de cada persona.

Lecturas suplementarias:

Bongaarts, J. 1994. Population policy options in the developing world. Science 263 (5148): 771-776.

Bongaarts, J. y J. Bruce. 1995. The causes of unmet need for contraception and the social content of services. Studies in Family Planning 26 (2):57-75.

The Population Council. 1996. The unfinished transition. Population Council Issues Paper, Nueva York.

John Bongaarts es vicepresidente de la División de Investigaciones sobre Política y Judith Bruce es directora de programas de la División de Programas Internacionales sobre el Género, la Familia y el Desarrollo de The Population Council, Nueva York.


2020 vision logo La iniciativa de la visión de la alimentación, la agricultura y el medio ambiente en el año 2020 ha sido lanzada por el Instituto Internacional de Investigaciones sobre Políticas Alimentarias (IFPRI) para tener un punto de vista compartido y lograr consenso para la acción sobre la forma de atender las futuras necesidades mundiales de alimentos y, al mismo tiempo, reducir la pobreza y proteger el medio ambiente. Por medio de la iniciativa de la visión 2020, el IFPRI agrupa diversas corrientes de opinión sobre esos temas, genera investigaciones y formula recomendaciones. Los resúmenes 2020 presentan información sobre varios aspectos de esas cuestiones.

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