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Cover ImageInforme de Investigación No. 147
Políticas de desarrollo rural y uso sostenible de la tierra en las zonas de ladera de Honduras
Un enfoque cuantitativo de los medios de vida
Hans G. P. Jansen, John Pender, Amy Damon, y Rob Schipper
2007
http://dx.doi.org/10.2499/0896291626RR147SP
Sinopsis

El gobierno de Honduras está cada vez más preocupado por lo poco que se ha avanzado en la lucha contra la pobreza rural, la cual es particularmente acentuada en las zonas de ladera. Si bien tanto quienes formulan las políticas como los donantes están bajo una fuerte presión para proponer intervenciones adecuadas, el gobierno y sus socios para el desarrollo carecen del conocimiento suficiente acerca de cuáles son los motores de un crecimiento sostenible de la productividad rural. Por ende, tienen poca orientación en torno a cómo priorizar gastos y definir direcciones estratégicas para el sector rural.

Este informe ofrece a las autoridades encargadas de definir políticas y a las partes interesadas en Honduras información empírica acerca de estrategias de vida empleadas en las zonas de ladera del país, oportunidades existentes para la reducción de la pobreza y posibles prioridades de política e inversión. Esta información se sustenta en una extensa encuesta efectuada a 376 familias campesinas, sobre 1.066 parcelas y 2.143 lotes individuales en 95 aldeas rurales en las zonas de ladera de Honduras.

Las familias en las zonas rurales de ladera de Honduras poseen dotaciones de activos y estrategias de sustento muy diversas. Los hogares que dependen de la agricultura de granos básicos son los más pobres debido a que suelen radicar en zonas aisladas con condiciones agroecológicas y socioeconómicas relativamente desfavorables. En estos lugares, las oportunidades para encontrar trabajo fuera de la finca tienden a ser reducidas y las estrategias familiares que combinan el trabajo en la parcela con el trabajo fuera de ella generan mayores ingresos.

La fertilidad del suelo tiene un fuerte impacto directo y positivo sobre los ingresos, mientras que las condiciones agroclimáticas, como una mayor pluviosidad y elevación, tienen un efecto positivo indirecto dado que estimulan la adopción de estrategias de vida mejor remuneradas. La tierra no es el principal obstáculo a la obtención de mayores ingresos en las regiones donde se realizó el estudio; una mayor cantidad de tierra por sí sola no aumenta el ingreso per cápita, y las familias con menos tierra pueden compensar la carencia elevando la productividad o emprendiendo actividades fuera de la finca. La tenencia de tierra tampoco incide en la productividad de los cultivos ni en el ingreso familiar, pero la adopción de prácticas sostenibles de uso de la tierra es mayor en los lotes operados por los mismos propietarios que en las tierras arrendadas.

La posesión de maquinaria y equipo permite a los hogares aumentar su productividad en términos de mano de obra y tierra, y es sumamente útil para las familias con costos de oportunidad de la mano de obra relativamente altos, como aquellas que trabajan fuera de la finca o en la caficultura. Por otro lado, la tenencia de ganado no tiene un impacto significativo directo sobre la productividad de los cultivos ni sobre el ingreso per cápita.

Las variables de capital humano tienen efectos combinados. Los hogares cuyos integrantes tienen un mayor nivel de instrucción formal obtienen una mayor productividad de los cultivos perennes; no obstante, la educación carece de un efecto estadísticamente significativo sobre el ingreso per cápita. Las familias con relaciones de dependencia más altas adoptan estrategias de vida menos remuneradas y tienen un ingreso per cápita más bajo. Una vez controlados los otros factores, el sexo de la cabeza de hogar no afecta de forma significativa la productividad de los cultivos ni el ingreso per cápita, pero sí influye a la hora de tomar decisiones sobre el manejo del suelo y el uso de los insumos. Los hogares en las zonas de ladera no suelen recibir cantidades importantes de remesas, por lo que la emigración no incide de manera significativa en el ingreso familiar per cápita. Con la notable excepción de los programas de capacitación agrícola, se determinó que la participación familiar en otros programas y organizaciones de capacitación tenía una incidencia bastante reducida en la productividad de los cultivos y en los ingresos. Sin embargo, varios de estos programas son importantes para fomentar la sostenibilidad de la producción agrícola: el servicio de extensión agrícola, en particular, es fundamental para impulsar la adopción de prácticas de producción sostenibles. Por su parte, los determinantes geográficos también tienen repercusiones bastante exiguas, aunque sí influyen sobre la adopción de prácticas de ordenación del suelo, el uso de insumos externos y el empleo de mano de obra. La densidad vial carece de un efecto directo estadísticamente significativo sobre el ingreso familiar per cápita, a pesar de que sí beneficia la productividad de los cultivos perennes; indirectamente puede ayudar a generar ingresos más altos promoviendo estrategias de vida distintas de la producción de granos básicos. Un mejor acceso a mercados apenas se relaciona con un valor más elevado de la producción de cultivos perennes pero no con mayores ingresos. Por otro lado, la densidad demográfica también tiene pocos efectos directos sobre la productividad de los cultivos y el ingreso per cápita, pero puede tener efectos indirectos al incidir en el tamaño de las fincas y las estrategias de sustento.

Los resultados anteriores sugieren que no existen maneras fáciles ni directas para combatir la pobreza en las zonas rurales de ladera en Honduras. Muchos de los hogares poseen pocos activos aparte de mano de obra familiar (no calificada) y alguna tierra. Por ello, se presta suma importancia a la seguridad alimentaria, asignándose la mayoría de los recursos de la tierra y la mano de obra a la producción de maíz, frijoles y sorgo que utilizan tecnologías tradicionales de baja productividad. Muchas familias parecieran estar atrapadas en un círculo vicioso de pobreza que obstaculiza la transición a otras estrategias generadoras de ingreso que podrían ser más rentables.

Si bien es probable que la agricultura contribuya a romper este círculo como parte integral de la estrategia de crecimiento rural en las zonas de ladera, por sí sola no puede resolver el problema de la pobreza en el campo; los que permanecen en el sector deben ser más eficientes, productivos y competitivos. Específicamente, los programas de inversión pública podrían abocarse a extender la base de activos físicos de los hogares pobres y ampliar la cobertura de la capacitación agrícola. Las inversiones en activos físicos deberían dirigirse primeramente a los productores agrícolas y quizá también a las familias con costos de oportunidad de la mano de obra relativamente altos. Las actividades de capacitación agrícola pueden enfocarse de manera rentable en el desarrollo de la producción ganadera.

Las inversiones públicas pueden repercutir de forma significativa y positiva en los ingresos, la reducción de la pobreza y la productividad y sostenibilidad de la producción agrícola en varias otras áreas. El mejoramiento de la infraestructura vial probablemente estimulará las estrategias de vida centradas en el trabajo fuera de la finca, lo cual generará mayores réditos a los pequeños agricultores que trabajar en sus propias parcelas. Los programas de planificación familiar que han logrado disminuir el tamaño y la relación de dependencia de los hogares también pueden ayudar a elevar el ingreso per cápita.

Los programas de extensión agrícola y los programas de capacitación en conservación que contribuyen a mantener y mejorar la fertilidad del suelo, también pueden ayudar a elevar los ingresos familiares. Si bien esto aumentará los rendimientos en el largo plazo, es necesario disponer de tecnologías de producción basadas en un menor uso de la tierra para incrementar la productividad de los cultivos anuales (en especial los granos básicos) en el corto y mediano plazo. Dado que actualmente Honduras cuenta con una limitada capacidad de investigación en tecnología agrícola en esta área, el gobierno puede intentar buscar formas de introducir y dar a conocer tecnologías agrícolas adecuadas que hayan resultado exitosas en otros lugares con condiciones similares; aunque siempre es esencial tomar en cuenta las condiciones locales.

Un mayor acceso a la tierra (no la titulación en sí misma) también puede repercutir indirectamente en los ingresos al ofrecer a las familias la posibilidad de adoptar estrategias de vida más lucrativas como, por ejemplo, la actividad ganadera. Dada la relación inversa entre tamaño de la finca y productividad en las zonas de ladera, un mejor acceso a la tierra en la forma de mercados de arrendamiento de tierras también podría incrementar la producción total de cultivos al permitir a los minifundistas más productivos expandir su producción. De igual forma, los programas de redistribución de tierras que pretenden aumentar la tenencia por parte de los pequeños propietarios pueden justificarse con base en consideraciones de sostenibilidad, en vista de que la adopción de ciertas prácticas de conservación de suelos es mayor en las fincas propias que en las arrendadas. Por último, a fin de aprovechar la creciente importancia del fenómeno de la emigración, el gobierno podría pensar en impartir cursos de capacitación básicos para ayudar a los posibles emigrantes, apoyar las iniciativas comunales dirigidas a invertir las remesas en actividades productivas y mejorar los sistemas financieros de modo que disminuyan los costos de transacción y los riesgos asociados con las remesas.


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