IFPRI: Informe de Investigaciones 96
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Informe de Investigaciones No. 96
(traduccion del ingles)

de Harold Alderman y Marito Garcia
Diciembre De 1993

La pobreza, la seguridad alimentaria de la familia y la nutrición en las zonas rurales de Pakistán

Las vías que llevan de las políticas económicas y sociales a la mejora de la seguridad alimentaria y la nutrición de los pobres son oscuras a menudo. Sin embargo, los gobiernos adoptan decisiones a diario sobre las políticas que, en último análisis, afectan su bienestar. La forma en que las familias aumentan sus ingresos, compran alimentos, mejoran su salud o hacen frente a la inseguridad constituye un asunto de importancia que debe examinarse para encontrar políticas que ayuden a erradicar la pobreza. En casi todos los intentos hechos por estudiar estas cuestiones se han empleado métodos improvisados, con los que se examina un aspecto en un momento dado. Esos métodos son limitados porque no revelan nada sobre la verdadera dinámica de la pobreza, la seguridad alimentaria y sus consecuencias para la nutrición y la salud.

En el informe de investigaciones No. 96, titulado Poverty, Household Food Security, and Nutrition in Rural Pakistan (La pobreza, la seguridad alimentaria de la familia y la nutrición en las zonas rurales de Pakistán), Harold Alderman y Marito Garcia abordan algunas de esas preocupaciones con un examen de los datos longitudinales correspondientes al trienio de 1986 a 1989 y analizan las fluctuaciones del ingreso, el consumo, el ahorro, la nutrición y la conducta en pro de la salud de 800 familias de cinco distritos de las zonas rurales de Pakistán (Faisalabad y Attock en la provincia de Punjab, Badin en Sind, Dir en la provincia de la frontera noroccidental y Mastung/Kalat en Baluchistán). En el informe se examinan las fuentes de ingresos y la composición salarial en las zonas rurales de Pakistán y se investiga el nivel de ingresos de las familias pobres y su distribución. Este informe contribuye al análisis de las dimensiones temporales de la pobreza y, por ende, se suma a la literatura sobre las estrategias de adaptación de las familias. Aunque el conjunto analizado de datos correspondientes a esos tres años es demasiado reducido para reflejar a cabalidad la dinámica de la pobreza, sirve para indicar la inestabilidad del medio económico en que viven las familias de Pakistán. El informe también sigue la trayectoria de la eficiencia con la cual se convierten los ingresos familiares en mayor bienestar nutricional y la influencia de otros factores contribuyentes como la salud y la educación.

Fuentes De Ingresos Y Composicion Salarial En Las Zonas Rurales

Aunque las familias estudiadas residían en zonas rurales, sus fuentes de sustento no eran estrictamente agrícolas. Los ingresos provenientes de la agricultura representaban menos de 45% del total y los salarios e ingresos no agrícolas de las empresas propias, 41%. Se encontró una gran diversidad de fuentes de ingresos distintas de la agricultura y la ganadería, como trabajo artesanal en los pueblos, vehículos de servicio público y varias actividades comerciales. Además, muchas familias recibían cuantiosas remesas de parientes que trabajaban en grandes ciudades pakistaníes como Karachi o en el exterior (por ejemplo, el Medio Oriente). Esta diversidad de fuentes de ingresos se mantuvo constante en todos los distritos estudiados. Solo 14% de las familias de la muestra derivaba menos de 20% de sus ingresos de actividades distintas de la agricultura y la ganadería.

Estos resultados apoyan la conclusión de que el desarrollo rural no es totalmente congruente con el agrícola. Sin embargo, eso no niega los resultados de otros estudios que indican que el desarrollo agrícola ejerce una gran influencia en la demanda de servicios y de producción no agrícola. Efectivamente, el ingreso rural no agrícola se deriva a veces del empleo independiente en actividades comerciales y de producción de insumos o preparación de productos agrícolas para el mercado. Sin embargo, las estrategias de desarrollo rural deben entrañar un conjunto de políticas más amplio que el desarrollo de la agricultura per se. Estas estrategias deben incluir el desarrollo de la educación y la infraestructura y la ampliación del crédito ofrecido a las empresas rurales no agrícolas.

Aunque a veces se afirma que el cambio tecnológico y la fragmentación de las fincas han aumentado el número de familias que dependen de la mano de obra agrícola asalariada, hay pocas pruebas de ello en la encuesta de grupos del IFPRI o las encuestas representativas de la situación nacional. Además, el pago de la mano de obra agrícola pakistaní es similar al de la mano de obra urbana no calificada y superior al recibido en la mayoría de los países de Asia y Africa (gráfico 1). Por ejemplo, el trabajador agrícola asalariado común en la muestra del IFPRI podría comprar de 11 a 17 kg de trigo por el equivalente de un día de trabajo, pero los trabajadores en construcción no calificados de Karachi o Lahore podrían comprar de 15 a 18 kg de harina con sus respectivos salarios.

Por lo general, los alimentos son relativamente baratos durante todo el año en Pakistán. Eso refleja las amplias políticas de subvención y estabilización seguidas por el gobierno. Al margen, hay poco campo para otros aumentos del consumo de cereales por medio de esas políticas.

Desigualdad De Ingresos Y Pobreza En Las Zonas Rurales

La desigualdad del ingreso fue moderadamente alta en las zonas rurales de Pakistán. Se calcula un coeficiente general de Gini (medida de la desigualdad del ingreso) de 0,40 para la población cubierta en el presente informe. La descomposición del coeficiente de Gini indica que de las cinco fuentes de ingresos, a saber, la agricultura, el sector no agrícola, la ganadería, el alquiler y las transferencias, el ingreso agrícola representa la mayor proporción de la desigualdad del ingreso por zonas. Por otra parte, las fuentes de ingresos provenientes de la ganadería y el sector no agrícola ayudan a reducir la desigualdad del ingreso. Esas comprobaciones indican que las políticas tendientes a impulsar el fomento pecuario y atraer inversiones fuera de la finca en las zonas rurales ofrecen posibilidades de promover una mejor distribución del ingreso en Pakistán.

El rico conjunto de datos obtenidos permite que los autores establezcan nueve definiciones distintas de pobreza, incluso gastos per cápita, ingresos per cápita, ingresos per cápita más transferencias, gasto por el equivalente de un adulto, gastos de alimentación per cápita, consumo de calorías per cápita, agricultores sin tierra, ingreso previsto per cápita y gasto en alimentos como parte del total. El análisis de esos otros indicadores muestra que hay enormes escollos al definir la pobreza empleando una sola dimensión. Las observaciones repetidas de las familias participantes en esta investigación (12 visitas en tres años) muestran claramente que es difícil determinar sin ambigüedad cuáles son las más pobres de una comunidad: algunas entran a la pobreza y salen de ésta con el tiempo; otras se excluyen cuando se usa un indicador, pero se incluyen al emplear otro. Eso significa que en lugar de tratar de determinar el grado de pobreza de diferentes grupos, tal vez convendría definir las características de los pobres, por ejemplo, observando las correlaciones estadísticas del hecho de ser pobre, con el fin de formular programas en los que se tengan en cuenta las restricciones.

Fluctuaciones Del Ingreso Y Estrategias De Adaptacion De Las Familias

Fueron notables las fluctuaciones del ingreso, aun en el período relativamente corto de tres años. Eso se debió en parte a razones como el tiempo, la enfermedad y la disminución de las remesas del exterior. Cierta parte de la fluctuación de los ingresos se explica en el informe con las variables de cada distrito y otra mucho mayor, con las de cada poblado. Los riesgos del consumo en estas familias se mitigaron solo parcialmente al compartirlos por medio de redes de familias. Los riesgos del ingreso también se redujeron al diversificar las fuentes de ingresos.

Obviamente, las familias de las zonas rurales de Pakistán usan sus ahorros y los mercados de crédito para estabilizar el consumo. Por ejemplo, aunque los ingresos son estacionales, no hay patrones estacionales estadísticamente significantes de consumo de alimentos en ninguno de los distritos de la muestra.

Las familias también ahorran dinero o gastan sus ahorros como resultado de las fluctuaciones anuales pasajeras del ingreso. En promedio, se ahorra 70% de un aumento después de una ganancia imprevista. Asimismo, para contrarrestar una reducción provisional del ingreso, las familias toman dinero en préstamo o reducen sus bienes para cubrir cerca de 70% de una escasez. Aun las familias de bajos ingresos ahorran la mitad de sus aumentos pasajeros de ingresos, pero solo 10% de sus ingresos generales. Las remesas se ahorran casi en su totalidad; las familias invierten la mitad de las remesas marginales recibidas del exterior en ahorros en efectos financieros (amortización de deudas, bonos y cuentas bancarias) y otro 30% en adquisición de propiedad física.

Seguridad Alimentaria De La Familia

En el trienio citado, el consumo de calorías de las familias de la muestra fue moderadamente alto, un promedio de 2.400 calorías diarias por persona, en comparación con lo observado en muchas partes del Asia Meridional. No se ha comprobado que haya diferencias estacionales en el consumo de calorías, aunque la composición de los cereales consumidos en una región cambió con las estaciones. Por lo general, las familias cubrieron las bajas estacionales con ahorros, incluso almacenamiento de cereales. Optaron por usar crédito de fuentes informales, como parientes y amigos, para mantener un nivel de consumo bastante constante. Los efectos de las fluctuaciones de la producción de cultivos para esas familias son mitigados por la gran diversidad de fuentes de ingresos.

La elasticidad-ingreso de las calorías indicada en el informe oscila entre 0,12 y 0,39, en promedio, y 0,14 y 0,46 en el quintil de ingresos más bajos. Sin embargo, la elasticidad del gasto en alimentos es de 1,5 a 2,0 veces superior a la elasticidad de las calorías, lo que sugiere que, a medida que aumenta el ingreso, las familias suelen optar por una alimentación de mejor calidad y más diversificada, no por una mayor cantidad.

Los resultados indican que no es probable que el consumo insuficiente desaparezca en el curso normal del crecimiento económico. En el informe se señala que las familias citadas necesitarían un aumento del ingreso de 30% para incrementar 10% la ingesta de calorías. El aumento del ingreso debe ir acompañado de otras políticas concomitantes con el fin de lograr seguridad alimentaria. Se ha observado que una mejor educación pública, sobre todo de la mujer, es un factor determinante de importancia crítica. Dado un mismo nivel de ingresos, una familia en que las mujeres adultas tienen alguna instrucción consume a diario unas 150 calorías más por persona que otra en que carecen de ese grado de escolaridad.

Conversion Del Ingreso Y La Seguridad Alimentaria En Mejor Nutricion

Pese a la disponibilidad de un número relativamente alto de calorías en Pakistán, la proporción de niños malnutridos (indicada por la prevalencia de peso insuficiente) se ha mantenido elevada, más de 40% en la zona de estudio (gráfico 2). Los resultados de este informe indican que los efectos desfavorables de la infección para esos niños impiden convertir el ingreso en más calorías y, como consecuencia, en crecimiento. La prevalencia de enfermedad y diarrea es particularmente alta. Entonces, el mensaje principal se centra en que la interacción de la dieta con la infección reviste importancia crítica en un medio en que la enfermedad está muy propagada.

La creación de modelos del estado nutricional en este informe indica que se necesitan servicios comunitarios indispensables, como los de atención primaria de salud y sistemas de saneamiento, abastecimiento de agua a los poblados y desagüe público, para evitar la propagación de las enfermedades infecciosas (gráfico 3). Los programas de salud pública que reducen la enfermedad, como los de inmunización o fomento de la atención prenatal, son importantes instrumentos que influyen en la nutrición. Sin embargo, no basta la presencia física de esos servicios en una comunidad: su calidad reviste igual importancia.

En el presente informe se observa que la educación, sobre todo de la mujer, está estrechamente relacionada con el mejor estado nutricional de los niños. De hecho, la educación tiene un efecto mucho mayor que el del incremento del ingreso. La educación de la mujer hasta el nivel primario, como mínimo, es una medida cuya eficacia es casi tres veces mayor que la de un incremento de 10% del ingreso familiar.

Las repercusiones para la formulación de política son obvias. Para reducir la malnutrición en el país, es necesario que las mejoras de la oferta de alimentos per cápita y la seguridad alimentaria vayan acompañadas de una reducción sistemática de la prevalencia de las enfermedades infecciosas, sobre todo en la población preescolar. Eso se puede lograr aumentando la inversión pública en salud y educación.

Sírvase enviarme un ejemplar de Poverty, Household Food Security, and Nutrition in Rural Pakistan de Harold Alderman y Marito Garcia.

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