|
Informe del IFPRI
Volumen 20, Número 2
Julio de 1998
|
lista de artículos
Comentario:
¿Por Qué Invertir Más en el Desarrollo Sostenible de las Tierras Menos Favorecidas?
En las estrategias de desarrollo agrícola se ha destacado siempre la importancia de la agricultura de riego y las tierras de secano de «alto potencial» para aumentar la producción alimentaria y estimular el crecimiento económico. Esta estrategia ha tenido un éxito espectacular en muchos países y fue la causa de la Revolución Verde. Sin embargo, al mismo tiempo, se han desatendido vastas zonas de tierras menos favorecidas. Esas tierras suelen tener poco potencial agrícola, a menudo por causa de la pobreza del suelo y la escasez y variabilidad de la precipitación pluvial, pero también porque el abandono las ha dejado con una infraestructura limitada y poco acceso a los mercados.
A pesar de alguna actividad de emigración, sigue creciendo el tamaño de la población en muchas zonas menos favorecidas, pero el aumento de los rendimientos de los cultivos es poco o nulo. Como resultado, hay empeoramiento de la pobreza, inseguridad alimentaria y degradación generalizada de los recursos naturales (incluso reducción de la fertilidad y erosión del suelo, deforestación y pérdida de diversidad biológica). Alrededor de 500 millones de personas viven ahora en tierras menos favorecidas, sobre todo en Asia y África al Sur del Sahara; ese número comprende más de una tercera parte de los pobres del sector rural. De persistir las tendencias actuales, se prevé que en el año 2020 más de 800 millones de personas vivirán en tierras menos favorecidas.
Es cada vez más claro que, solo por razones de pobreza y conservación del medio ambiente, al establecer prioridades en materia de política e inversión pública habrá que prestar más atención a las tierras menos favorecidas. Ya algunos gobiernos y donantes gastan más recursos en alivio de crisis que en aprovechamiento de esas tierras. Eso lleva a hacer dos preguntas importantes sobre política. Primero, ¿qué nivel de inversión puede justificarse en las tierras menos favorecidas, incluido el gasto en investigación agrícola? Segundo, ¿cómo se deben asignar los recursos para fomentar un desarrollo beneficioso para los pobres y ecológicamente sostenible?
El monto de la inversión justificable en las tierras menos favorecidas depende de los rendimientos alcanzados con el crecimiento de la productividad, la reducción de la pobreza y el control de la degradación del medio ambiente. La sabiduría tradicional señala que se logran máximos rendimientos al aumentar la productividad de las tierras regadas y de secano de alto potencial; por ende, las pérdidas de eficiencia relacionadas con la inversión en las tierras menos favorecidas deben compensarse con una reducción adecuada de la pobreza y con beneficios para el medio ambiente. Pero esa opinión se ha puesto en tela de juicio por haber pruebas fehacientes de que el crecimiento de la productividad está estancado en distintos grados en muchas zonas de la Revolución Verde y una inversión apropiada permitirá aumentar la productividad de ciertas clases de tierras menos favorecidas a niveles mucho mayores de lo previsto. Por ejemplo, las investigaciones del IFPRI hechas en la India muestran que otras inversiones en muchas tierras de secano de bajo potencial podrían ser una estrategia de mutuo beneficio, conducente a mayor crecimiento agrícola y reducción de la pobreza rural. De hecho, por causa de los altos niveles de inversión ya hechos en las zonas regadas y de secano de alto potencial en la India, los rendimientos marginales de algunas inversiones (particularmente en caminos, riego, educación e investigación agrícola) son ahora más atractivos en muchas tierras menos favorecidas.
Se necesita investigación cuantitativa similar en otros países con el fin de resolver el debate sobre las prioridades de inversión en tierras menos favorecidas.
Han fracasado muchos intentos pasados de aprovechamiento de tierras menos favorecidas (por ejemplo, los proyectos de desarrollo rural integrado), incluso algunos de los realizados por los centros de investigación del CGIAR. Para lograr éxito, los mayores niveles de inversión en tierras menos favorecidas deben basarse en nuevos o mejores paradigmas de desarrollo sostenible. En algunas regiones, el desarrollo agrícola quizá no sea una alternativa económicamente viable y habrá que buscar soluciones por medio del desarrollo de la economía no agrícola y la migración acelerada. En otras regiones, la intensificación agrícola será un elemento clave de la estrategia de desarrollo, pero por la deficiencia de la infraestructura, el potencial de rendimiento bajo a moderado y el alto riesgo que entraña el clima, la estrategia tendrá diferencias típicas con respecto al método empleado durante la Revolución Verde. Los investigadores agrícolas y los agricultores deben seguir un método integral para mejorar los sistemas de explotación agrícola y las prácticas de ordenación de la tierra: revestirán particular importancia el aprovechamiento del suelo y del agua, la generación y el reciclado de nutrientes vegetales, y la explotación de nichos favorables en medios naturales aptos para la producción de cultivos y árboles de alto valor. Una mejor investigación también deberá ir acompañada de mayor inversión en infraestructura rural, salud y educación y fortalecimiento institucional apropiado (como seguridad de los derechos de propiedad de los recursos naturales para quienes los utilicen e instituciones locales eficaces para organizar y administrar la propiedad común y la acción colectiva). También son indispensables un medio de política propicio que incluya diversas posibilidades de gestión eficaz de los riesgos para compensar los riesgos climáticos graves (como la sequía) y políticas para ayudar a la población de las tierras menos favorecidas a acceder a los mercados liberalizados y a competir en ellos.
El fructífero aprovechamiento de las tierras menos favorecidas exigirá una estrecha relación entre los investigadores agrícolas y otros agentes de cambio, incluidas las organizaciones locales, las autoridades normativas nacionales y los donantes. Exigirá innovación y también tiempo—tiempo para ponderar y evaluar nuevos métodos a medida que se establezcan.
Peter Hazell
Peter Hazell es director de la División de Medio Ambiente y Tecnología de Producción del IFPRI.
|