Ruptura de los Vínculos Entre el Conflicto y el HambreLos marcos hipotéticos favorables en lo que respecta a la alimentación, a la agricultura y al medio ambiente en el año 2020 dependen de la protección de la paz donde se ciernan amenazas de conflicto, del logro de la paz donde surja el conflicto y del mantenimiento de la paz donde haya cesado el conflicto. Esa es la conclusión a la que se llega en el documento de trabajo No. 24 de la serie de la visión 2020 titulado Food from Peace: Breaking the Links between Conflict and Hunger [Alimentos como consecuencia de la paz: ruptura de los vínculos entre el conflicto y el hambre], de Ellen Messer, Marc Cohen y Jashinta D’Costa. El documento muestra la forma en que los conflictos violentos han engendrado hambre y reducido la producción alimentaria y el crecimiento económico en 47 países en desarrollo durante el decenio de 1970-90. En 1996, las hostilidades entre grupos armados—sobre todo las guerras civiles—y sus secuelas han dejado expuestas al riesgo de hambre y de dependencia de ayuda humanitaria a 80 millones de personas, incluso a 50 millones de refugiados y otras personas desplazadas. Los autores señalan que el conflicto destruye la tierra, el agua, la infraestructura y los recursos biológicos y sociales para el desarrollo agrícola y humano, mientras que los gastos en operaciones militares reducen las inversiones en salud, educación y protección ambiental. Desde 1970, las guerras han cobrado un millón de vidas anualmente, sobre todo de integrantes de la población civil. Las zonas de conflicto son «carentes de recursos» y, una vez terminada la lucha, enfrentan enormes tareas de reconstrucción. Los autores recalcan que la inseguridad alimentaria y la escasez de recursos naturales—real y percibida—on importantes causas y consecuencias del conflicto. El documento presenta los resultados de la investigación sobre el conflicto y la baja de la producción alimentaria per cápita en África al Sur del Sahara desde 1970. Los datos son limitados, pero indican una baja promedio de 12,4% en la producción alimentaria anual per cápita en los países donde hay conflicto. En Etiopía, Rwanda y el Sudán, las crisis alimentarias causadas por desastres naturales y mala administración de los recursos de socorro y desarrollo llevaron al colapso del gobierno y fueron seguidas de deficiencias aún mayores en los años de guerra ulteriores. En los años noventa, la paz habría agregado entre 3,9 y 5,3% al crecimiento per cápita de la producción alimentaria africana. En el trabajo se pide que la prevención de conflictos se convierta en una meta importante de la alimentación, la agricultura, el medio ambiente y el desarrollo económico. La ayuda debe servir para reducir y no para empeorar las desigualdades que fomentan el hambre y el conflicto. Los programas de socorro deben concentrarse en la seguridad alimentaria y el desarrollo sostenible, así como en la supervivencia inmediata. Es preciso incorporar las siguientes medidas de prevención de conflictos en las políticas de ayuda alimentaria y agrícola:
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